martes, 29 de marzo de 2016

A Miguel Hernández



Todos guardamos recuerdos, historias, que nos han hecho crecer, que nos han marcado para siempre. A veces no son demasiado nítidos. Otras, sin embargo, permanecen vivos en nuestra memoria, igual que si hubieran sucedido ayer.

Hoy, uno de esos recuerdos se convierte en mi pequeño homenaje a Miguel Hernández.






Para mí la poesía tiene un nombre que la define, que me ha hecho quererla, disfrutarla, entender muchas cosas, aprender de ella, ese nombre es Miguel Hernández. Y se concreta en un poema: "Las nanas de la cebolla".

sábado, 26 de septiembre de 2015

Conciencia de clase... el inicio de la mía...

Leo "¿Cómo se forma la conciencia de clase?" 

Me quedo pensando cómo se formó la mía, o mejor dicho, cómo comenzó a forjarse...

Y aparecen recuerdos, unos de esos primeros recuerdos de infancia, que marcan, que no se olvidan. Aunque sus imágenes estén difusas en la memoria, aunque no sean del todo nítidas. 

Mediados de los 70 en un barrio obrero de Getafe. Barrio de emigrantes de todos los puntos de España que nunca tuvo la mejor fama, dónde en los 80 la droga se instaló y destrozó vidas, demasiadas vidas, pero del que yo tengo recuerdos felices, muy felices. 

En aquel barrio, la Alhóndiga, con un cura rojo, ese que permitía encierros en la parroquia y ayudaba a los vecinos y otro no tanto, ese que se hizo abogado. 

Guardo en la retina las carreras de los trabajadores de Kelvinator, vecinos del barrio, padres de mis amigos, delante de la policía. Esa policía que lanzaba pelotas y gases y que daba porrazos sin mirar a quien. Que les importaba poco que cayeran en la piscina del colegio dónde los niños aprendían a nadar. 

Y recuerdo como mi padre, abría las puertas de su trastienda para que se refugiaran los trabajadores y cerraba con llave la tienda para que pasase de largo la policía. 

Y sí, con 5 o 6 años le miraba con orgullo, pensando que era un héroe que ayudaba a sus vecinos, amigos, y porque ese es mi primer recuerdo de lo que es conciencia de clase... 

viernes, 24 de julio de 2015

Hoy no me he quitado la ropa al llegar a casa...




A veces es una fotografía, unas palabras leídas en cualquier lugar, un mensaje inesperado, una frase susurrada, hoy es una pintura de Fabio Hurtado la que ha despertado mi imaginación…




Hoy no me he quitado la ropa al llegar a casa queriendo que fueras tú quien lo hiciera…

Te he esperado tumbada en el sillón, escuchando música con los ojos cerrados, pensando en tu manera de quitarme la ropa, despacio, disfrutando el momento en el que al hacerlo tus manos acarician mi piel.
Cómo un pequeño roce de tus labios en mi cuello eriza mis sentidos y en tu sonrisa maliciosa al notarlo.
Cómo juegan tu lengua y la mía, en un beso cálido, largo.
Soñando como se desliza tu mano por debajo de mi falda y tu boca recorre mi cuerpo imperfecto, ese que ahora bajo tu mirada es perfecto.
Cómo la ropa va cayendo, desapareciendo, al desabrochar tu camisa, un botón tras otro, tú pantalón.
Cómo mi camiseta es un estorbo para tu boca, tus manos, cómo tus dedos trazan cada curva de mis pechos.
Imaginando como es ese instante en el que me miras y leo el deseo en tus ojos y despiertas mi primer gemido.
Cómo mis piernas se abren a tus deseos, en como mis manos buscan tu cuerpo, acariciando cada poro, besando tus lunares, deteniéndome en tu cuello, bajando por tu pecho hasta llegar a tus caderas.
Recordando cómo mi espalda se arquea, agarrando tu pelo y me dejo arrastrar por el deseo.
Cómo nuestros cuerpos se sincronizan en cada movimiento, en cada gesto mientras nos dejamos llevar en palabras susurradas que sólo tú y yo conocemos, siempre buscando nuestras miradas.
Cómo después un abrazo nos devuelve el ritmo de la respiración.
Sonriendo al pensar cómo más tarde en la cama, con una cerveza, nos besamos mientras hablamos, reímos, jugamos...

Y al abrir los ojos estás de pie, mirándome y tus ojos reflejan que tenía razón... Hoy no me he quitado la ropa al llegar a casa porque lo vas a hacer tú...

domingo, 26 de octubre de 2014

Te escribo en un sueño...


Te escribo en un sueño...

Te escribo en un sueño, en el que es tu cuerpo el que rozo, son tus manos las que acarician, es tu mirada la que encuentro...

Es la ropa la que cae, es el deseo que crece...

Son tus labios los que desean, es mi boca la que besa...

Son tus gemidos en mi oído y mis susurros en tu cuello...

En una cama deshecha, revuelta, con nuestro olor mezclado, dónde unimos las risas, las palabras, las miradas...

Son las piernas que se tocan, los abrazos que se cruzan, el contacto de dos pieles que se desean y se buscan...

Te escribo en un sueño, dónde nuestros cuerpos se unen, dónde no hace falta nada más...

Te escribo en un sueño... 

jueves, 24 de julio de 2014

Hay días...



Hay días...


Hay días que las palabras ahogan,
queman, forman nudos en la garganta
y se pierden sin pronunciar.

Hay días que todo fluye, que se escapan las sonrisas,
que los besos son espontáneos y las caricias deseadas.

Hay días que nada ocurre, todo permanece tal cual,
nada se mueve, ni la brisa en la sombra.

Hay días que nos precipitan, que nos mueven,
que nos llevan hacia delante.

Hay días en que todo se mezcla, la risa con el llanto,
las prisas con el tedio, la indiferencia con un te quiero.

Hay días para sentir, reír, llorar, gozar, gemir…
Hay días para vivir…

jueves, 19 de junio de 2014

Enredando


Enredando


Enredando tus ojos en los míos,
mezclando las miradas.
Enredando las manos en caricias,
en cuerpos que se tocan, que se rozan.
Enredando lenguas en besos,
en labios que se buscan, que se tocan.
Enredando palabras, que se susurran,
en sonrisas que se mezclan, que se cuentan.
Enredando en botones que saltan, 
en ropa que cae.
Enredando mi dedo en tu espalda,
tu mano en mi nuca, tu boca en la mía
Enredando lenguas que recorren cuerpos,
labios que ascienden entre muslos.
Enredando en caricias profundas 
que despiertan gemidos
Enredando dos deseos,
convertirlos en un fuego
y el fuego en juego
Enredando dos cuerpos, dos gemidos,
dos sentidos, dos sueños... 
Enredando... 

domingo, 2 de febrero de 2014

Erase una vez...



 
Erase una vez...

 

Erase una vez... Todos los cuentos empiezan igual, o eso dicen, quizá porque casi nunca sabemos cómo empezar algo... ¿Por el principio? ¿Y por qué no por el final?

El caso es, que esta noche, me apetecía contarte un cuento. Una historia inventada, sin moralejas o con ellas, tú decides. Sin juzgar ni prejuzgar porque nunca estamos en la piel de otro, ni en su mente, ni en sus sentimientos... Y porque a veces estando en nuestra propia piel nos dejamos llevar, simplemente nos dejamos llevar...

Y ahora empecemos